Tras regresar a Nueva York, diseñó dispositivos tales como una prensa de algodón, un plantador de semillas y una máquina de corte de torno. Poco después de esto, se ve involucrado en el mundo de la prensa y comienza a trabajar como redactor para un periódico de Philadelphia y, como alma inquieta que era, se propuso mejorar el desarrollo de la rotativa giratoria ingeniada por Richard March Hoe en la década de 1840.
El gran mérito de su invención fue conseguir el sistema para alimentar la prensa con grandes rollos de papel continuo, a través de los rodillos, lo que eliminaba el laborioso proceso de alimentación manual de las prensas anteriores. Esta prensa podía imprimir hasta 12.000 hojas por hora, aunque posteriores mejoras aumentaron la velocidad hasta un máximo de 30.000 hojas por hora, impresas de una sola pasada por ambas caras en un rollo de papel continuo que era seccionado por una afilada cuchilla, gracias a la conjunción de cilindros, placas y poleas.
Pese a que se considera que gracias al invento de Bullock, comenzó la prensa moderna, el inventor británico no pudo apenas disfrutar de los beneficios de su innovadora invención, ya que en 1867, mientras realizaba un ajuste en los engranajes y poleas de la rotativa del Philadelphia Public Ledger, se le quedó atrapada una pierna en la prensa y murió días después como consecuencia de las heridas.
A esto se le llama morir por la causa.
